¿Es cierto que no existe el purgatorio?

purgatorio

En el año 2005, el Papa Juan Pablo II, pidió que una comisión teológica internacional aclarase la existencia del llamado “limbo” (tal comisión fue presidida en ese momento por Josep Ratzinger). El 6 de octubre de 2006 la comisión declaró que tal lugar espiritual no existe, lo cual causó revuelo y confusión. Incluso hubo quienes llegaron a confundir “limbo”, con “purgatorio”. Aunque tal alharaca se debió sobre todo al sensacionalismo con el cual algunos medios trataron la noticia. Sorprende saber que muchos siguen confundidos por este asunto.

Lo que se conocía como “Limbo” era básicamente: el lugar o estado de los que han muerto sólo con el pecado origina. Fue una hipótesis formulada por San Agustín y modificada por Santo Tomás, ambos intentando conciliar dos ideas que le resultaban difíciles de explicar para la teología de ese tiempo: el hecho de que un bautizado, nacido con el pecado original no pudiese entrar al cielo, por tener el pecado original, y la del hecho de ser criaturas inocentes, no tener pegado personal alguno. Hablaron entonces de un estado de felicidad natural. pero sin la visión de Dios, que es el elemento esencial del Cielo. A tal estado lo llamaron Limbo y esta se fue extendiendo, pero no fue nunca dogma de fe. Posteriormente, la discusión se basó en la falta de asidero bíblico y en esclarecer si la misericordia divina bastaba para enviarlos al Cielo.

¿Qué es, entonces, el purgatorio?

El Catecismo de la Iglesia Católica dice: “Los que mueren en la Gracia y amistad de Dios, pero imperfectamente purificados, aunque están seguros de su eterna salvación, sufren después de la muerte una purificación, a fin de obtener la santidad necesaria para entrar en la alegría del cielo” (CEC 1030), entonces llama “Purgatorio” a esta purificación final de los elegidos que es completamente distinta del castigo de los condenados” (CEC 1031).

A diferencia del “limbo”, la existencia del purgatorio sí es dogma de fe, de hecho, está definido en los Concilios de Lyon y Florencia (135 D.C.) También en el Concilio de Trento (136 D.C.).

Mucha gente tiende a creer que es un lugar intermedio entre la vida y la muerte, similar al “bardo” tibetano, en el cual se tiene una oportunidad de salvarse o no. En realidad, como acabamos de ver, es un estado de purificación en el que las personas “purgan” o expían aquellos pecados que no son mortales pero que les impiden el estado de pureza requerido para ingresar al cielo. Cielo e Infierno son realidades eternas y sin retorno.

Las bases bíblicas y teologicas de este dogma se encuentran en:

2 Mac.12, 41-46: Judas Macabeo habló de la posibilidad de “purificar” las almas de los muertos. Dice que con las limosnas en favor de los muertos éstos quedan liberados de sus pecados. Lo cual confirma la existencia del purgatorio.

1 Cor 3,14-15: San Pablo argumenta acerca de las obras probadas a fuego el día del juicio.

– Las citas base son, principalmente, Salmos 65,12; 67,19; 2 Macabeos 12,39-46; Mt 12,32; Lc 16,22; 1 Cor 3,11-15; Efesios 4,8; 1 lo 5,6). De todas, estas son consideradas las más importantes y trascendentes son 2 Mc y 1 Cor.. de ahí que los protestantes, para negar la existencia del purgatorio cuestionen la autenticidad de estos textos. La Iglesia, en el Concilio III de Cartago (canon 47), los declaró inspirados.

– Jesucristo, hablando del pecado contra el Espíritu Santo, dice que «no se perdona ni en esta vida ni en la otra» (Mt 12,32) esto habla de que hay la posibilidad de pecados que sean perdonados en la otra, lo cual refiere al purgatorio, puesto que en el cielo no es necesario y en el infierno, no es posible, el infierno es eterno (Mt 25,41).

Summa contra gentes, lib. IV, cap. 91: Habla de la necesidad de purgar los pecados cometidos.

Indulgencias y purgatorio:

Las indulgencias son las acciones concretas con las cuales se perdona a los católicos, cumplidas ciertas condiciones, la pena temporal debida por los pecados ya perdonados en cuanto a la culpa. Básicamente es como poner yeso al hoyo dejado por el clavo que se saca de la pared para reparar el daño y sus consecuencias.

Para alabar a Dios, para darle gracias por un beneficio, para pedirle un nuevo favor, para expiar nuestros pecados, para aliviar a las almas del purgatorio, etc., etc., la mejor de todas las indulgencias es oír Misa siempre que se pueda. Es reconocido como una obra de caridad para con las almas del purgatorio el ganar para ellas indulgencias plenarias.

También es dogma de fe que podemos ayudar eficazmente a las almas del purgatorio con nuestros sufragios, según los Concilios de Lyon, Florencia, Trento y Vaticano II ya citados. Creemos por esto que la muerte no destruye nuestra comunión con los que murieron, miembros del Cuerpo Místico de Cristo, sino que la fortalece. Por eso, «fluye hasta los muertos el amor y la fidelidad de los que peregrinan por la tierra llevándoles alegría y dicha» (Schmaus, o. c. en bibl. 503).

«Para un soldado cristiano el morir por la Patria es un acto sublime de caridad. Si mueres por la Patria en gracia de Dios, tendrás gran mérito y poco purgatorio» (P. Vilariño, S.I.).

Autor: Alfred Dawson, religioso. Con permiso expreso de Familia Cristiana, Digita. www.familiacristiana.org.ve Derechos reservados