Iglesia pide a ciudadanos participar del Censo con objetividad y responsabilidad

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“Hermanos y hermanas aquí presentes y ustedes que nos siguen por televisión y radio, el Censo es un medio muy importante que nos da la posibilidad de conocer más objetivamente la realidad de nuestro país, departamentos, ciudades y pueblos a los 11 años del último censo” así, Monseñor Sergio Gualberti, Arzobispo Coadjutor de Santa Cruz, llamó a todos los Bolivianos a participar libremente del Censo que se realizará este próximo miércoles 21 de noviembre.

El prelado recordó las palabras del Cardenal Julio Terrazas que al referirse a la realización del Censo, dijo hace poco a los Obispos de Bolivia  “estamos llamados a participar del Censo Nacional. A pesar de que  adolece de limitaciones, nos corresponde animar a todos los ciudadanos a que respondan con objetividad y responsabilidad, y confiamos en la transparencia con que se espera utilicen los datos requeridos”.

Monseñor Sergio expresó que “Lamentablemente hemos sido testigos en estos últimos días que autoridades locales y dirigentes de movimientos han puesto en marcha toda forma de presión o amedrentamiento sobre la ciudadanía, que han desembocado incluso con enfrentamientos que han causado heridos como en Colomi”.

Ante esta situación la CEB ha sumado su palabra a la del Cardenal y nos exhorta a participar recordándonos que: “El registro censal es fundamentalmente un derecho y un deber ciudadano que debe ejercitarse en libertad, sin que medie ninguna amenaza de multas o restricción de otros derechos ciudadanos. Solo si lo realizamos en este marco podremos esperar que los resultados nos ayuden e implementar políticas públicas para responder a las necesidades de todos los bolivianos. Dios bendiga a Bolivia y conceda que el censo ayude al progreso y bienestar de todos, especialmente de los más pobres del país”.

Oficina de Prensa del Arzobispado de Santa Cruz.

Homilía de Mons. Sergio Gualberti,

Arzobispo Coadjutor de Santa Cruz.

“Un mensaje de esperanza”

Estamos acercándonos al final del año litúrgico, el próximo domingo es la fiesta de Cristo Rey que culmina el caminar de nuestra Iglesia siguiendo a Jesús en la contemplación y vivencia de los misterios de nuestra redención.

La Palabra de Dios de este domingo trata de las realidades últimas, de la segunda venida de Cristo en poder y majestad: “Y se verá al Hijo del hombre venir sobre las nubes, lleno de poder y de gloria”.

En la tradición de la Biblia, cuando se tratan estos temas, se utiliza un lenguaje especial, el apocalíptico, lleno de imágenes y descripciones de fenómenos cósmicos: «En ese tiempo, después de esta tribulación, el sol se oscurecerá, la luna dejará de brillar, las estrellas caerán del cielo y los astros se conmoverán”. La referencia a la catástrofe cósmica es un elemento literario y exterior al que no se puede tomar al pie de la letra. Varios grupos y corrientes terroríficas a lo largo de los siglos, han aprovechado los males de la humanidad, los desastres naturales y fenómenos cósmicos como la alineación de planetas y la aparición de cometas para sembrar miedo y terror, pregonando el fin del mundo con fecha y hora. Hecho que puntualmente ha fallado.

Nosotros no podemos quedarnos en las imágenes, sino llegar al mensaje. En este caso Jesús anuncia que el universo y la humanidad encontrarán, al final de los tiempos, su realización plena y su sentido definitivo unidos alrededor Cristo Señor de la historia. La venida última de Cristo y el juicio final, a base de parábolas, no es un anuncio de miedo y temor sino de liberación y de esperanza en el cumplimiento total del Reino de Dios.

Será el momento en que para siempre el bien habrá vencido sobre el mal; el amor sobre el odio; la luz sobre las tinieblas y el Señor nos hará partícipes de la plenitud de su vida y amor. Quien viene definitivamente es nuestro Señor, el Señor de la historia, el Salvador que por amor hacia nosotros se ha entregado para que gocemos de la salvación eterna.  

El referirse a los eventos finales no es entonces una advertencia para que nos preparemos al futuro, sino que es un llamado a poner toda nuestra atención al presente, a nuestra vida personal, a la situación de la humanidad desorientada, y a la precariedad y tribulación en la que viven los seguidores de Jesús. Esta verdad tiene sus consecuencias para nuestra existencia. La salvación que Jesús nos ofrece se hace realidad cada día a través de su Palabra y de los sacramentos de la gracia.

El poner la mirada sobre el encuentro definitivo con el Señor, no significa, por lo tanto, un desinterés, un escape de la realidad de este mundo, tampoco debe ser motivo de de desánimo o de la desesperanza. Por el contrario es un llamado a comprometernos en serio con el presente, el único tiempo que está a nuestra disposición, por el momento al menos, porque es en nuestra existencia que radican las promesas de Dios, para que nuestra fe y esperanza tengan consistencia.

Nuestro Dios es el Dios de la historia, que camina y lucha a nuestro lado, y que nos da la fortaleza para que el Reino de Dios se instaure más y más en el mundo y en nuestra sociedad, marcadas por tantos males y desastres que nos rodean y que causan tantos dolores y sufrimientos.

A pesar de los grandes avances de la humanidad sigue habiendo hoy en el mundo muchas víctimas de la pobreza y de la miseria, de las injusticias sociales, de las desigualdades económicas, de las opresiones políticas, de la explotación, de la exclusión y de la violencia.

Ante este escenario los cristianos, la Iglesia no podemos quedar indiferentes, tenemos que tomar parte activa para anunciar y testimoniar con nuestro compromiso, tanto a nivel personal como comunitario, el Evangelio de la liberación, de la vida y el amor.

En la certeza de la victoria definitiva de Cristo radica nuestra esperanza. Por encima de las apariencias de este mundo y de sus miserias está la promesa y el amor de Dios; él no se desentiende de un mundo en peligro y el mismo viene a rescatarnos porque tanto amó Dios al mundo que envió a su Hijo Unigénito.

“Esta vida mortal es, a pesar de sus vicisitudes y sus oscuros misterios, su sufrimiento, su fatal caducidad, un hecho bellísimo, un prodigio siempre original y conmovedor, un acontecimiento digno de ser cantado con gozo y con gloria: ¡la vida, la vida del hombre! “ (Pablo VI).

Hoy muchos grupos, en varios países y también en el nuestro, muestran un desprecio por el don de la vida, este “hecho bellísimo”. Movidos por ideologías foráneas y por distintos intereses de tipo económico y demográfico, son pregoneros de muerte, buscando implementar leyes que favorecen el aborto y la eutanasia, cuyas víctimas son  seres humanos inocentes e indefensos.

Ante esta situación los católicos, tenemos que expresar públicamente nuestra fe en el Dios de la vida, y que la misma, siendo un don que proviene de él, es inviolable, desde el primer momento de la concepción, durante todas las etapas de la existencia y hasta la muerte natural.

Por eso, nuestra Iglesia de Santa Cruz hemos adherido y apoyado la meritoria iniciativa de la marcha por la Vida promovida por Consejo Departamental de la Juventud y el Comité Cívico Femenino. Participemos todos masivamente y con entusiasmo de esta marcha que se realizará el próximo viernes 23 a horas 17.00, desde la Plaza del Estudiante hasta la manzana 1, dando así testimonio de nuestra fe en el Señor que ha venido para que tengamos vida y vida en abundancia.

Gracias a Dios hay otros signos de esperanza. Hoy celebramos el Día Nacional del Catequista, con el lema “Comunicador de la Palabra de Dios”. Son miles y miles los catequistas en nuestro país y en toda la Iglesia y que generosamente dedican su tiempo para introducir, en particular, a los niños y jóvenes en el misterio de Cristo, en el conocimiento y encuentro personal y consciente con él. A ellos nuestro gracias sincero y nuestras palabras de aliento para que sigan con entrega y entusiasmo  con esta misión.

Antes de terminar quiero cumplir con un pedido quenuestro querido Cardenal nos hizo a todos los obispos reunidos en asamblea la anterior semana. El próximo miércoles 21 “estamos llamados a participar del Censo Nacional. A pesar de que  adolece de limitaciones, nos corresponde animar a todos los ciudadanos a que respondan con objetividad y responsabilidad, y confiamos en la transparencia con que se espera utilicen los datos requeridos”.

Hermanos y hermanas aquí presentes y ustedes que nos siguen por televisión y radio, el Censo es un medio muy importante que nos da la posibilidad de conocer más objetivamente la realidad de nuestro país, departamentos, ciudades y pueblos a los 11 años del último censo.

Lamentablemente hemos sido testigos en estos últimos días que autoridades locales y dirigentes de movimientos han puesto en marcha toda forma de presión o amedrentamiento sobre la ciudadanía, que han desembocado incluso con enfrentamientos que han causado heridos como en Colomi.

Ante esta situación la CEB ha sumado su palabra a la del Cardenal y nos exhorta a participar recordándonos que: “El registro censal es fundamentalmente un derecho y un deber ciudadano que debe ejercitarse en libertad, sin que medie ninguna amenaza de multas o restricción de otros derechos ciudadanos. Solo si lo realizamos en este marco podremos esperar que los resultados nos ayuden e implementar políticas públicas para responder a las necesidades de todos los bolivianos. Dios bendiga a Bolivia y conceda que el censo ayude al progreso y bienestar de todos, especialmente de los más pobres del país”. AMÉN.